Mujeres que conquistan espacios

Publicado en por Pro-Huerta Chaco

Emma de Boris, Productora y Feriante de la Localidad de Charata.

 

Cuando se concretó la entrevista con Emma, se conmemoraba el día de la mujer y al preguntarle como lo estaba festejando nos contestó…trabajando. Es que, la vida de Emma se ha caracterizado a lo largo de su historia por el arduo trabajo del campo que empieza con el cuidado de la huerta, el manejo de los animales, la DSC06030elaboración de alimentos y finaliza con el producto en las manos del consumidor. 

 

Las tareas de monte y campo se han destinado casi siempre a los hombres, pero con los cambios económicos de los últimos años, el rol de la mujer ha ido cambiando y ocupando casi todos los espacios que antes, le pertenecía solo al hombre.

En los últimos años han surgido distintos circuitos de trabajos, como el sistema de los truques, micro-emprendimientos, cooperativas, y ferias, espacios que constituyen la nueva economía social, a los que accedieron las mujeres conquistándolos completamente.

 

Emma de Boris es una de estas mujeres, aguerrida, sinónimo de lucha y perseverancia que día a día fue abriéndose camino y hoy forman parte de la red de Ferias en la Localidad de Charata en la Plaza San Martín, donde junto a otros 12 feriantes se reúnen todos los miércoles y sábados del año para ofrecer a la comunidad variados productos elaborados artesanalmente. En la entrevista nos cuenta como es un día de su agitada rutina cotidiana y nos habla del inicio de la Feria en Charata.

 

¿Como es un día en la vida de Emma de Boris? Cuando me levanto lo primero que hago es el mate. Para mí el mate es sagrado, es como que si no tomo algo me falta. Después de ahí es el corral, atender a los animales, hay que ordeñar y hacer el queso con la leche cuando no hay feria. Después se sigue con los pollos y chanchos.

 

¿Quienes forman parte de tus labores cotidianas? En este momento solamente mi esposo, o sea que estamos solos. Somos los dos únicamente que nos apoyamos, hay cosas que hacemos de a dos y otras que hace él solo por su parte y yo sola por la mía. Es la única manera de salir adelante. ¿Y tus hijos? Cuando estaban mis hijos siempre tuve más ayuda, me iba a la tarde a casa y descansaba; ahora no. Cuando hay feria tengo que volver a la casa a acomodar lo que dejé, hay que limpiar atender a los animales porque no hay más quien lo haga. Cuando estaban mis hijos sí, siempre tuve apoyo de ellos y siempre me ayudaron en todo, tanto en el tambo como con las aves y las casas. Yo no sabía lo que era limpiar la casa ni planchar, eso lo hacían todos ellos. Pero ahora no, tengo que arreglármelas. Es parte de la vida.

 

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Emma es oriunda de la localidad de Coronel Du 

Graty, Provincia del Chaco. Tiene 56 años y 6 hijos que la llenan de dicha y felicidad. Su historia comenzó tras haber contraído matrimonio con Ernesto Boris, quien la acompaña día a día en sus tareas cotidianas. Juntos llevan 36 años de casados y cuentan sonrientes que el matrimonio es un poco de amor y otro de “aguante mutuo”. 

 

¿Cómo recordás tu infancia, te gustaba la vida en el campo? Si, yo me crié en el campo, también tenía que ordeñar y es un trabajo que siempre me gustó hacerlo, si bien hoy no es lo mismo, pero siempre me encantó trabajar con los animales y bueno; también había aves, cerdos y teníamos que atenderlos. A parte de todo eso, cuando eran épocas de algodón cosechábamos, carpíamos o sea que todo ese trabajo hacíamos, y yo me críe directamente en esa forma. Entonces hoy es como que voy siguiendo el trabajo en esa forma.

 

¿Cómo iniciaste el camino de la comercialización de tus productos? Nosotros empezamos a vender golpeando puerta por puerta, casa por casa en el pueblo. Vendíamos leche, huevos caseros, pollo, dulces que preparaba y por ahí agregaba alfajores y recuerdo que hasta pan casero llegué a hacer.

 

¿En qué año comenzaste a participar de las ferias y cómo era el contexto en ese momento? El tema de las ferias comenzó con un grupo de mujeres que sentíamos la necesidad de vender nuestras propias cosas. Nos juntamos y procuramos hablar con el intendente y el consejo para pedirles que nos den un lugar, o algo para poder empezar a vender mejor, porque eso de vender en la calle era complicado. El tema de los cobros se nos hacía difícil. A veces la gente nos decía si querés dejarme…plata no tengo. Ahí se nos hacía difícil porque si yo vendo es porque necesito. 

Entonces luchamos juntas y continuamos las reuniones con el intendente y el consejo hasta que nos aceptaron. Luego nos dijeron que en la plaza no podíamos vender, que ellos nos iban a conseguir un local. Así, por medio de una Ingeniera de INTA, Chiquita Derki quién nos ayudó y apoyo mucho, conseguimos el salón del museo de Charata y allí trabajamos casi dos años. Todo esto empezó en el año 2000 o 2001, recuerdo que el 21 de septiembre fue nuestro primer sábado y ahí estábamos trabajando y vendiendo. El contexto y el lugar no era muy agradable, la gente no quería entrar, y los productos no se veían y por ende no podíamos vender. Poco después, el municipio nos acompañó y ayudó permitiendo que pudiéramos ocupar la plaza para  venir a vender y desde acá seguimos trabajando. Aquí es más accesible, mas vendible porque la gente pasa ve algo para y compra.

 

¿Como se logró conformar este grupo, que acciones tuvieron que hacer, como se movilizaron? Con las mujeres nos conocimos desde el trabajo en las redes de truque y como el truque no funcionaba, nos organizamos para ver si podíamos hacer la feria y así comenzó. Íbamos a la FM, y al canal y pagábamos para que nos hagan la propaganda y la gente se entere. Todos los meses juntábamos la platita y se pagaba la publicidad ya que los medios no nos daban espacios libres y entones siempre teníamos nuestros fondos para que nos sea mas liviano. Sacar directamente del bolsillo se nos hacía pesado y difícil.

 

¿Notaste cambios desde entonces hasta hoy? Empezamos hace 10 años, casi 11 ya. Así que hace 8 años estamos en la plaza y al venir aquí aumentó la venta y empezamos a producir más. Yo empecé vendiendo 2 o 3 kilos de ravioles, y hoy estoy vendiendo 12 o 13 kilos depende. Entonces es mucha la diferencia. Allá en el museo, nosotros nunca pudimos vender más de 3 kilos y sin embargo acá, hoy te estoy hablando de 12 o 13 kilos por feria, porque yo vengo todos los miércoles y sábados y vendo los dos días.

Ahora estoy vendiendo en tema de pastas: ravioles, sorrentinos, canelones, fideos secos y ñoquis. De panificados: vendo torta alemana, pan casero, torta de manzana alfajores, masita de miel.  El pan con salvado es buenísimo porque yo le pongo chia y lino. Respecto de los lácteos, se vende leche, queso, dulce de leche y ricota. Después hago distintos tipos de mermeladas de variadas frutas. Hay que buscar la forma de mantener al cliente porque llega y busca variedad y hay que brindarle opciones, por más que a veces me quede poca ganancia.

 

¿Sentís que creciste con esta forma de trabajo? Diría que sí, porque con el apoyo del INTA recibimos muchos cursos y pudimos mejorar nuestra mercadería y en ese caso si nos ayudó muchísimo. Además viajamos con INTA a diferentes encuentros, aprendemos y vemos otras cosas, conocemos lugares. Todo lo que ellos nos dan para nosotros es mucho, la cuestión es que nosotros le prestemos el interés debido y otorguemos importancia. Debemos ser constantes, escuchar y seguir porque eso nos ayuda en muchas cosas. Uno siempre tiene que estar pensando en mejorar, superarse y atender mejor al cliente, ofreciéndole mejor mercadería.

 

¿Cuánto tiempo lleva el proceso del trabajo de manufactura y productos artesanales que realizan? Nosotros empezamos casi todos los días a las 5 de la mañana y ahí arrancamos. Se trabaja de lunes a sábado y el único día que descansamos es domingo. Por ejemplo los lunes arrancamos trabajando para la feria del miércoles. Luego junto a mi esposo vamos al pueblo a vender. Yo por mi lado y el por el suyo en Las Breñas. Y luego jueves y viernes arrancamos trabajando para el día sábado que tenemos feria nuevamente, así que todos los días de las 5 de la mañana trabajamos, almorzamos al medio día y seguimos hasta las 11 de la noche. No hay descansos. Hay que andar y estar con los animales, hay que atender y eso mayormente lo hace él porque yo me meto en la cocina para preparar las pastas. Es complejo el proceso, yo me doy cuenta que mi cuerpo ya no es lo mismo en relación a los tiempos atrás. Estoy cansándome mucho y a veces me dan ganas de abandonar. Me canso, pero la necesidad es grande y uno tiene que darle para delante. Porque el campo ahora esta en una situación muy mala, porque cada vez hay menos agua y comida para los animales. No es fácil pero hay que seguir.

 

¿Que les dirías a las mujeres que como vos, se están iniciando en estas redes de trabajo? Hay que trabajar muy duro, esa es la respuesta. Yo hasta ahora sigo trabajando duramente y gracias a Dios, por su compañía. A veces se nos acaban las fuerzas, entonces le pido fuerzas necesarias para poder trabajar, realizar mis trabajos domésticos y que me de ánimos para seguir adelante.

 

¿Qué resta ahora en este camino de las ferias, que esperan para este 2012? Si bien necesitamos más colaboración, sabemos que nosotros no acudimos mucho al municipio y no somos gente que estamos encima de ellos constantemente. Hemos notado que aquí  se vende, pero tenemos que ser constantes. Hay veces que el calor y la falta de comodidad, nos desanima y uno quiere dejar de venir, pero no podemos. Esta es nuestra ganancia. Así que nuestra esperanza es que el intendente nos de el local propio que un día nos dijo, para  poder tener freezer o enfriadoras para los que vendemos pastas, carnes de corral o pollos y poder tener mejores condiciones para comercializar correctamente. Ahora esperamos el salón y deseamos que haya un cambio para nosotros y se nos haga más fácil trabajar.

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