La mística de los campesinos…

Publicado en por Pro-Huerta Chaco

“Creer…esa inexplicable mística, completa mezcla entre ser y no ser. Entre saber y creer, entre querer y entender.

Sabidurías de los pueblos campesinos de nuestro ayer que marcan nuestros pasos enseñándonos a crecer. Saberes populares y cánticos antaños, miles de palabras transformadas en coplas que se repercuten en su cántico, convirtiéndose en experiencias de pueblos lejanos, en motivos de la vida, en expresiones trasmitidas de generaciones sucedidas.  Creer…la fuerza de esos pueblos”

 

Llegando al departamento general Belgrano, el ambiente calido de los abrazos hermanos, el olor al humo de algún fogón encendido, el sabor de los panes recién cocidos y por supuesto, la grata disposición de los campesinos, hacen del trabajo una fiesta, del vinculo laboral una red de amistad. Trabajar con ellos, crear y escribir proyectos, llenan el alma de satisfacción cuando juntos construimos el progreso. Porque es justamente eso lo que hace falta en la actualidad socio-política y económica que vivimos. Voluntad y predisposición para construir y transformar las realidades de los nuestros, es lo que reflejan las actitudes y acciones de estos pueblos.

A lo lejos, entre campos y pastizales, en los finos caminos polvorientos se comienza a dilucidar una pequeña escuelita. 28 alumnos y 5 maestros es todo lo que hay. Lo demás lo hacen ellos, el resto lo crean ellos con las ganas de aprender, con el deseo de trabajar, con la esperanza de mejorar su propia realidad. Porque los paros, el aumento del sueldo, la inflación de los precios, y los tantos factores negativos, no son piedras que entorpecen el camino, cuando hay deseo por aprender, por crecer, por conseguir un futuro bueno.

 

La escuela N° 658, “nuestra escuelita Faustino Sarmiento” como la llama Mónica Valdez, directora de la misma, lleva varios años luchando por mejorar la educación de sus alumnos. “Tenemos solo 28 niños. Antes venían mas, pero por las distancias, la imposibilidad de medios y a veces el frío, muchos ya no vienen. Otros se van al pueblo” comentaba Mónica.

Detrás, llegando al patio, hay una pieza que funciona como cocina, sobre el fogón el humo de un locro ascendiendo al cielo; y alrededor de la olla los docentes que conversan entre mates y mates. La vida es tranquila, con algunos sobresaltos que jamás faltan, pero no por ello, menos feliz.

 

Cuando le preguntamos al maestro agropecuario si todos participan de las tareas de la huerta, nos dijo que si. Una mirada veloz se dirigió a los chicos y entre risas cómplices todos afirmaron que siempre trabajan en la misma. El agua, factor vital para los pueblos, escasea a menudo. La falta de precipitaciones complican más las tareas de riego. La escuela cuenta con un aljibe que esta a cuatro metros de la huerta. Y aunque no tienen mangueras y tan solo dos regaderas, se amañan para mantener su siembra con la humedad suficiente para el crecimiento de sus frutos.

El tamaño de la huerta no es grande, solo posee una parcela de 20 x 15; pero es lo necesario para abastecer la olla de la que alimentan a los alumnos. En la escuelita, no solo se enseña a leer y escribir, sino también a llevar una adecuada alimentación a través del Programa Pro-Huerta. Pero en las ultimas temporadas, la situación de la siembra ha sido difícil. La falta de agua arruino mucho los cultivos y las soluciones se tardan.

 

Por ello, los Ingenieros Agrónomos, técnicos del Programa Pro-Huerta, trabajan en la recolección de datos que se relevaron en las diferentes localidades del Chaco. Los mismos serán plasmados en un proyecto de agua que se enviara a la Nación. Luego, al ser aprobado se pondrá en marcha. Estos proyectos fueron completados en conjunto con los mismos beneficiarios, quienes a través de las opiniones lograron llegar a diferentes propuestas para ver como solucionar dicha limitante al trabajo de producción.

 

Las realidades son totalmente opuestas a las que se viven en la ciudad, pero no pero ello tienen mayor o menor importancia. Hay expectativas de cambio y las esperanzas se renuevan cada mañana. “Todo se consigue cambiar con amor”, dijo el padrecito de la capilla a la que asisten antes de entrar a clases. Ese día, en el que los ingenieros hicieron relevamiento de datos, había fiesta patronal. “Es el día de nuestro Patrón San Isidro, por eso primero tenemos la misa y después seguimos las actividades. También hay empanadas y locro” dijo contenta y efusiva la directora de la escuela. “Y claro que ellos nos acompañan”, trono una voz aguda por detrás. La profe de música como la llaman los chicos, entre empujones nos llevo hasta adentro del templo.

 

El ambiente sopesaba un clima de fiesta y fervor. Velas, cruces y flores adornaban la capilla. Mientras que los cánticos y las miradas acompañaban nuestro asombro. Estar ahí, sentir lo que ellos viven, es la experiencia más remota e ineludible. Es la suma de los factores para comprender su realidad, para vivirla por lo menos un instante, para entenderla y poder describirla. Porque es su espacio, su historia en el que nos infiltramos, es su intimidad la que nos comparten y nos dejan descubrir.

 

Estos pueblos, ricos en nobleza, escasos en materialismo y lujos, llenos de voluntad y deseo por mejorar, precisan eso, solo eso: la atención y el respeto que se merecen a través de la ayuda, de las capacitaciones, de la compañía, de la escucha. El agua, el trabajo, y el acompañamiento es lo que hoy precisan. Por ello, es necesario que aprendamos un poco más de sus saberes populares, que sigamos su ejemplo de voluntad, y de predisposición.

La vida rural no es fácil, pero tampoco difícil cuando se torna gratificante. A través de cada rostro, cada palabra, cada acción. Porque ser parte de estos pueblos, es simplemente reconocerse en el fruto del esfuerzo, del querer, del creer y esperar.

                                                                                                                         

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